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La Mona, la Galápagos del Caribe

Los amantes del senderismo, el campismo, la observación de aves, el buceo u otra modalidad similar, tienen en la isla La Mona, de Puerto Rico, una opción singular.

Esta es un de las pocas oportunidades de disfrutar de un contacto directo con la naturaleza casi virgen.

Algunos la han designado como la Galápagos del Caribe o “la isla secreta de Puerto Rico”.

Viajar a ella es casi un privilegio, pues por razones de conservación no se permite la presencia de más de 100 visitantes al mismo tiempo.

La isla tiene 7 millas de largo y 4 millas ancho, playas de cinco millas de arenas blancas e impresionantes acantilados, aunque escasa vegetación.

Ese lugar carece de población permanente, más allá del personal asignado por el  Departamento de Recursos Naturales de Puerto Rico.

Entre la fauna destaca la Mona Iguana, de hasta cuatro pies de largo pero vegetariana e inofensiva.

Esta islas es el único lugar donde aún vive el gecko en miniatura. El pequeño lagarto fue salvado de la extinción gracias a grandes esfuerzos de preservación.

El llamado gecko monito es del tamaño de un dedo y es una especie endémica de la isla eliminada de la lista de especies en peligro de extinción.

También abundan aves marinas y más de 270 especies de peces y tortugas. Sus aguas cercanas son visitadas durante el invierno por las ballenas jorobadas y su singular espectáculo.

El arte subterráneo de La Mona

Pero la isla posee también un tesoro oculto.

Se trata de una galería de arte prehistórico y posiblemente sea la mayor concentración conocida de arte taíno.

Los taínos fueron la población indígena que recibió a Cristóbal Colón a su llegada a América en 1492.

A partir de referencias e investigaciones de estudiosos puertorriqueños,  arqueólogos de las universidades de Leicester y Cambridge dieron a conocer en 2017 una investigación que revaloriza la importancia cultural de La Mona.

En expediciones desde 2013 a 2016 los arqueólogos descubrieron galerías de pinturas rupestres acumuladas durante siglos. En total se estima que abarcan unas 30 cuevas de difícil acceso.

Conoce a Puerto Rico

Este estudio indica –contrario a lo considerado habitualmente- que los taínos, descendientes de los aruacos sudamericanos, se hallaban en un momento destacado de creación artística a la llegada de los europeos.

Los dibujos y pinturas son representaciones de seres humanos y animales y figuras geométricas.

La investigación presentó como novedad que algunas se realizaron con la técnica de “finger fluting” (haciendo canales con los dedos).

Estos trabajos son visibles en los techos y paredes blandas de las cuevas. Curiosamente es una técnica del paleolítico similar a la reportada en el sur de Europa.

Donde surgió la vida

El material más utilizado fue el excremento de murciélago. En dependencia de su edad y los minerales de cada locación ese material adquiere color rojo, marrón o amarillo.

Sin embargo, una novedad radica en el uso de resina vegetal como aditivo de la pintura.

Esa fue una de las conclusiones sobre las recetas de la pintura nativa, la elección de materiales y las técnicas aplicadas.

Los investigadores determinaron que los murales se hicieron de forma premeditada.

Apoya esta hipótesis que los artistas debieron llevar con ellos las pinturas con las resinas vegetales a lo profundo de las cuevas.

Como en otras partes donde floreció la cultura taína las cuevas al parecer fueron considerados lugares sagrados, de donde surgió la vida.

Pero estas maravillas están en la actualidad fuera del alcance de la mayoría de los visitantes que deben conformarse con la magia de la isla en su superfificie.

De todas formas siempre es bueno conocer que hay debajo del suelo que pisamos.

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