Cáhuil, turismo de sal con denominación de origen

Una forma de turismo es practicar, al menos un día, la ocupación de los lugareños en los destinos visitados.

Chile ofrece ahora la posibilidad de ser salinero, un duro oficio del que muchos viven en Cáhuil por 500 años.

La opción es resultado de un proyecto de la Universidad Central y el Gobierno de la región de O´Higgins que lleva al pueblo costero de Cáhuil.

Este se halla a unos 15 kilómetros al sur de Pichelemu, capital de la provincia de Cardenal Caro.

Allí en el estero Nilahue los mineros de la sal construyeron una serie de diques para atrapar el agua del mar cuando su nivel sube en el invierno.

A partir de octubre el agua se evapora y deja una mezcla de sal y barro. Luego se extrae el barro y se deja secar al sol.

Con agua y ramas, mediante una técnica ancestral, se purifica el producto que es sacado en carretillas y colocado en sacos.

El turista puede realizar ahora ese trabajo y seguramente verá de una forma distinta la cultura local luego de realizarlo.

Los salineros

Apenas 2 decenas de personas practican allí el oficio de salinero como herencia familiar. Fueron declarados en 2011 Tesoros Humanos Vivos por la Unesco.

Los historiadores cuentan que la explotación de sal se practicaba desde la época prehispánica.

Con la llegada de los colonizadores se aplicaron nuevas técnicas, pero muy poco se varió desde entonces.

Hoy la sal de Cáhuil tiene denominación de origen otorgada por el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual (Inapi).

Así como la sal del Himalaya es únicamente la que allí se produce, la de Cáhuil sólo puede ser denominada así se es producto de esta región.

Realmente la de Cáhuil es la única sal chilena extraída del mar. El resto proviene del Altiplano donde la sal quedó como remanente de lagos desaparecidos hace miles de años.

No solo de sal se vive Cáhuil

Pero la región tiene otros atractivos para los amantes de la naturaleza.

El estero Nilahue ofrece una gran variedad de aves. Allí se encuentra el Birdwatching Camp Pichilemu.

Desde allí se puede observar más de 46 especies propias de un ecosistema híbrido de agua dulce y salada.

Entre ellas destacan cisnes como el coscoroba o el de Cuello Negro.

También los patos Jergón Chico y Grande, el Pato Real, la Tagua, Gaviota Cáhuil (que dio el nombre al lugar) y garzas Cuca y Sietecolores.

Otras especies incluyen el ​Cuervo del pantano y garzas.

La instalación responde a una empresa dedicada a la difusión del turismo rural de la comuna de Pichilemu y sus alrededores.

Una buena oportunidad de practicar un turismo de crecimiento personal.

Wellness Destiny / Fotos: Pichilemu.cl

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